martes, 1 de diciembre de 2009

¿Dónde queda la Planificación Socialista?

Pilar fundamental en el accionar del Poder Popular
¿Dónde queda la Planificación Socialista?

Por: Francisco Guacarán. Especial para Tribuna Popular

La construcción del socialismo lleva a importantes tareas en la vida integral de una sociedad, especialmente en el ámbito económico-productivo –espacio desde el que se satisfacen las necesidades vitales de los trabajadores y las comunidades- y por tanto la organización, ejecución, control y supervisión de las actividades y tareas a ejecutar debe ser consecuente con un plan elaborado rigurosamente con información técnica, estadística y científica sobre los recursos con los que se cuenta y las metas a cumplir para avanzar en el desarrollo nacional.
Con los Consejos Comunales hemos dado un paso hacia adelante en este tema, se ha dotado al pueblo de herramientas de la planificación para elaborar los proyectos comunitarios que satisfagan necesidades coyunturales.
Sin embargo, aún no podemos hablar de planificación socialista, por cuanto esencialmente son los trabajadores en participación activa del proceso productivo, y junto a las comunidades, quienes deben elaborar los principales planes para aumentar la calidad y eficiencia en la producción, el mejoramiento de la maquinaria y las herramientas y la actualización científica y técnica.
Entonces, ¿Cómo podremos construir el socialismo si los trabajadores y trabajadoras no son actores fundamentales de la planificación del proceso productivo en su propio espacio de trabajo? ¿Es posible plantearnos el gran reto de la edificación socialista si las comunidades desconocen lo que se produce, y lo que se deja de producir, para alcanzar la soberanía nacional en todas las áreas de la vida social? ¿Podemos hablar de un Estado revolucionario si en las recientes nacionalizaciones no se produce un cambio radical en la organización y el control de los trabajadores?
Cada una de esas interrogantes, y otras más, nos llevan directamente a plantearnos los retos que tenemos como sociedad para poner en marcha la planificación genuinamente socialista.
En primer lugar, el gobierno nacional es quien principalmente debe impulsar y promover el desarrollo productivo nacional, con proyectos factibles que fortalezcan nuestra industria pesada, intermedias, manufactura, agrícola y demás áreas estratégicas que incidan favorablemente en nuestra soberanía nacional, si es poco lo que producimos y mucho lo que nos toca importar, entonces ¿sobre qué vamos a planificar?
En segundo lugar, resulta necesario fortalecer las instancias planificadoras del gobierno en cada uno de los niveles, para ello debemos crear equipos técnicos de planificación nacional, regional y local que trabajen permanentemente en la evaluación, seguimiento y control de los objetivos y metas planteadas en cada uno de los proyectos socio-productivos. Se trata de la eficiencia revolucionaria, de medir constantemente si cumplimos con nuestros objetivos.
Lo anterior se complementa efectivamente sólo con la organización popular y su acción en la vigilancia y control revolucionario sobre los proyectos impulsados por el gobierno revolucionario –anteriormente discutimos la diferencia entre contraloría social y control popular- con lo cual evitaríamos que la corrupción, el clientelismo y la ineficiencia sigan tomando más espacios en el Estado venezolano.
Finalmente, son los trabajadores y trabajadoras los y las principales responsables de que cada una de estas tareas se lleven a cabo, es urgente comenzar a prepararnos técnica e ideológicamente para asumir la enorme y difícil tarea de planificar la economía local y nacional, de saber que cada jornada de trabajo es un grano de arena que se aporta conscientemente a la construcción del socialismo, que cada cumplimiento de metas es un golpe certero que se le atesta al capitalismo y sus vicios.
Recordemos que el capitalismo se sustenta en la lógica irracional de la «mano invisible del mercado», lo cual lleva a las graves desigualdades sociales –producto de la explotación a través de la generación de plusvalía- así como a las crisis sistémicas y recurrentes de dicho sistema.
Contrario a esto, los trabajadores y trabajadoras deben estar conscientes de que sólo con una fuerte organización, que lleve a una rigurosa y científica planificación sobre la producción y la economía, es posible la edificación del socialismo como proyecto real, y no como discurso de caridad y solidaridad cristiana.

FINANZAS: ENDEUDADO CON EL PODER POPULAR

Aportes a la discusión sobre el sistema financiero y la economía
FINANZAS: ENDEUDADO CON EL PODER POPULAR

Especial de Tribuna Popular. Francisco Guacarán.

Cuestiones como el no paternalismo del Estado burgués sobre las organizaciones populares, la definición y el control de los presupuestos regionales y locales, el impulso de un modelo socioproductivo genuinamente socialista –y no con islotes aislados “sustentados” en una economía de subsistencia que intentaría competir con la gran empresa capitalista-, y la centralización y control del sistema financiero nacional como una medida fundamental para el avance revolucionario, entrarían en la discusión pendiente sobre el aspecto económico necesario para avanzar en el proceso de liberación nacional.
Respecto al Proyecto de Reforma de Ley de los Consejos Comunales, constituye un acierto la propuesta de supresión de las asociaciones cooperativas Banco Comunal y la reformulación de la Unidad Administrativa y Financiera Comunitaria (UAFiC), con el objetivo de darle personalidad jurídica al Consejo Comunal (CC) y no sólo al Banco Comunal, ente que finalmente se constituía como el representante del CC –con su respectiva expresión de caudillismo vecinal.
Sin embargo, las transformaciones reales no pasan por un simple cambio de nombre, y menos en el ámbito económico; es necesaria una definición más clara de cómo consolidar el Poder Popular en construcción junto a un Estado burgués en transformación, avanzando en el control sobre el sistema económico y, desde luego, sobre el financiero.
Si efectivamente deseamos que los CC –o las Comunas- sean una base del Poder Popular, entonces debemos avanzar en unas tareas que van más allá del espacio vecinal.
Los CC, mancomunados en redes municipales y regionales, deben comenzar a asumir el presupuesto de las alcaldías y gobernaciones, sin sujeciones a los intereses del poder constituido.
Hoy, muchos alcaldes se reúnen con voceros designados a dedo y les consultan dónde harán la cancha o la escalera, mientras millones de bolívares fuertes se van en corrupción, clientelismo e ineficiencia en otras “obras”.
Si hay disposición de transformar esta situación, entonces dejemos que sean los CC organizados y articulados quienes decidan el destino del presupuesto.
Con ello avanzaríamos en el control que debe ejercer el pueblo organizado sobre la vida integral del país, al otorgarle la posibilidad real de definir importantes proyectos socioproductivos que desarrollen las fuerzas productivas de la nación y, desde luego, que ejerzan las funciones de la administración de esos recursos.
La burguesía parasitaria, la de ayer y la que se viene formando hoy, afirma la imposibilidad de llevar a cabo esta tarea, lo que nos recuerda a V.I. Lenin cuando afirmaba que tras los absurdos argumentos técnicos y leguleyos de la burguesía para impedir el control popular, se esconde el miedo de que el pueblo conozca el destino del dinero que le roban a los trabajadores, fondos saqueados que terminan en bolsillos voraces de corruptos, paramilitares y fascistas.
La única imposibilidad –y no precisamente técnica- está en la voluntad del gobierno de avanzar en la real superación del sistema capitalista.
Por tanto, la primera responsabilidad la tiene el gobierno nacional, el cual puede y debe promover la mayor participación y control de los Consejos Comunales –o las Comunas- en los procesos económicos, mediante la mayor y mejor organización del pueblo, el impulso de un aparato productivo nacional fuerte y eficiente –para alcanzar nuestra soberanía económica- y el férreo control sobre el sistema financiero.
El PCV ha llamado a la nacionalización de la Banca como una política para avanzar en el proceso revolucionario, por la perniciosa influencia del capital transnacional y la necesidad de que pueblo trabajador tenga control sobre su dinero, incluso el que está administrado por el Estado.
Ante esta propuesta el gobierno afirma que tiene un ritmo y unos planes, y las organizaciones revolucionarias la aplauden, al final ¿quién define los ritmos en una revolución?
El caso es que la nacionalización junto al control compartido entre el Estado y el pueblo organizado, abriría las posibilidades de desarrollo y avance de las organizaciones de base del Poder Popular y, así, las UAFiCs podrían cumplir efectivamente con las funciones que son expresadas en el proyecto de Ley, bien sea en los CC o en las Comunas revolucionarias.
¿Qué planteamos? La independencia de las diferentes formas de organización popular con respecto al Estado burgués, para su consolidación como base fundamental del Estado Popular y Democrático.

Mayor y mejor participación requiere una fuerte organización

Aportes a la discusión sobre la Reforma de Ley de Consejos Comunales
Mayor y mejor participación requiere una fuerte organización

Especial para Tribuna Popular.
Francisco Guacarán.

Las tareas de organización popular y la participación efectiva de las masas en espacios permanentes de discusión, movilización y toma de decisiones siempre lleva a considerar elementos que sólo pueden ser evaluados en la práctica concreta, y más cuando nos encontramos en la difícil edificación de un proyecto diferente, con errores, aciertos, rectificaciones, avances y retrocesos.
Los Consejos Comunales son prueba de ello, y la Ley debe expresar las necesidades y obstáculos que ha tenido este espacio en sus diferentes instancias y órganos que lo componen.
Por ejemplo, la Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas (ACC) “es la instancia primaria para el ejercicio del poder, la participación y el protagonismo popular, cuyas decisiones son de carácter vinculante para el Consejo Comunal respectivo” (Art. 4) y “es la máxima instancia de decisión del Consejo Comunal, integrada por los habitantes de la comunidad, mayores de 15 años” (Art. 6), sin embargo, no se define la forma de organización de esta instancia, por lo que se asume su carácter “abierto” en el que todos y todas participan, o al menos ése es el deber ser.
En la práctica concreta esto ha llevado a muchos Consejos Comunales a inventar maromas para asegurar la participación efectiva de los integrantes de la comunidad –tomemos en cuenta la base poblacional necesaria (200 a 400 familias en zona urbana –Art. 4-), por lo que alcanzar el quórum mínimo para una Asamblea (10 a 20% de la comunidad) se convierte en un dolor de cabeza para los voceros y voceras y por tanto un obstáculo importante para el CC.
Además que pudiese existir una contradicción importante en torno a la participación, debido a que menos de la cuarta parte de los integrantes de la comunidad terminan decidiendo la vida integral de la misma.
Espacios asamblearios como los que se pretenden desde el marco legal actual, y que sean de carácter permanente, tendrían que ir de la mano de niveles importantes de desarrollo de la conciencia colectiva y revolucionaria de las masas, además de condiciones de vida material que promuevan una participación tan amplia, finalmente la ACC es un espacio en el que «todos» participan y «pocos» asisten.
El Partido Comunista de Venezuela, en sus luchas durante la resistencia contra el puntofijismo, organizó a decenas de comunidades de la capital a través de una instancia muy similar a lo que hoy se denominan Consejos Comunales.
La diferencia importante de esta experiencia con la actual, es que lo que se llama hoy Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas estaba conformada anteriormente por voceros y voceras electos y electas por cada calle, vereda o callejón, quienes se reunían con sus vecinos y vecinas, promovían la discusión en sus bases –con un número determinado de familias para atender-, recibían las propuestas y la llevaban a la discusión de la Asamblea –conformada por la totalidad de los voceros y voceras-, instancia que puede mantener las mismas competencias contempladas en la Ley vigente.
Se asegura la participación desde las bases por cuanto cada vocero y vocera debe reunirse regularmente con sus vecinos –espacio no visto como un feudo, ni el vocero o vocera como el caudillo- y a la vez llevar la decisión y propuestas a un espacio mucho más dinámico, efectivo y coherente con la realidad de la organización popular actual, sus deficiencias y oportunidades.
Con esto, evitamos los problemas puntuales del quórum necesario para atender los problemas colectivos, el desgaste y la dispersión del pueblo en discusiones estériles, mejoramos la estructura del Consejo Comunal y desarrollamos el sentido de pertenencia y la responsabilidad de sus habitantes, y lo más importante, ayudamos a formar los cuadros políticos necesarios para la revolución.
La participación se hace entonces mucho más efectiva y amplia cuando nos ocupamos de mejorar la organización desde su raíz, sin caer en los falsos caminos del democratismo pequeñoburgués, sino avanzar en una organización fuerte, sólida, no como un fin en sí mismo, sino como un instrumento para la revolución.
Tan sólo así hablaríamos efectivamente de una herramienta mejor organizada para la lucha de clases, para la movilización social, la construcción del Estado Popular y Democrático y los grandes retos que afrontaremos como sociedad en los tiempos próximos, en el que la agudización de las contradicciones exigirá definitivamente mejores y mayores esfuerzos de disciplina, organización, comunicación, movilización y conciencia para el Socialismo Científico.

lunes, 22 de junio de 2009

CONTRALORÍA Y CONTROL POPULAR

A propósito del Poder Popular, Consejos Comunales y Comunas
CONTRALORÍA Y CONTROL POPULAR

Especial para Tribuna Popular.
Francisco Guacarán


Efectivamente la participación popular constituye el génesis del Poder Popular y de cualquier proceso revolucionario genuino, y para ello, el pueblo trabajador se dota de herramientas que correspondan con sus intereses y objetivos –Partidos políticos, sindicatos, Consejos obreros, Consejos Estudiantiles, Consejos Comunitarios, entre otros-, cuyo fin primordial, si se tiene la conciencia revolucionaria con sentido de clase, es la superación del modo capitalista de producción a través del Poder revolucionario del pueblo organizado, como fase de transición para la edificación del comunismo. Pero no nos vayamos tan lejos, por ahora.
He ahí un elemento importante para la discusión en torno a la Reforma de Ley de los Consejos Comunales y para el proceso de conformación de las Comunas.
Es necesario tener como referencia la línea de trabajo hacia la conformación de las Comunas desde el Ejecutivo Nacional: las Comunas son un fin en sí mismo, es decir, la fuerza del Poder Popular tiene ámbito de competencia local –territorial- y limitado por normas y leyes.
¿Y por qué se hace referencia a esta “línea de trabajo”?
Porque es precisamente una de las aristas de la discusión sobre Poder Popular y Socialismo. La otra fundamental es el ámbito económico.
Entonces, existen conceptos importantes en la definición de una u otra propuesta (reforma o revolución): la Contraloría Social y el Control Popular.
Hasta los momentos, cada espacio de organización se ha dedicado al impulso de la Contraloría Social, como un derecho y un deber social, basado en el principio de corresponsabilidad expresado en la Constitución Nacional, y efectivamente se ha impulsado un buen trabajo en algunos terrenos en el área de la contraloría: el ejercicio de vigilancia social sobre el presupuesto; las obras que ejecuta la alcaldía, gobernación, gobierno central o Consejo Comunal; la calidad de los instrumentos de trabajo; entre otros aspectos, han sido tareas emprendidas por Comités de Trabajo.
Los casos más emblemáticos están en algunos Consejos Comunales (proyectos y obras propias), sector sanitario (hospitales, módulos) y educación (comedores escolares).
Sin embargo, la Reforma de Ley de Consejos Comunales no toma en cuenta este aspecto, y continúa localizando las funciones de la Unidad de Contraloría Social, tan solo dirigido a las obras que sean aprobadas por la Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas y no tiene ámbito de competencia a un espacio externo al Consejo Comunal.
Tan solo en el numeral 4 de la propuesta de artículo 21 menciona: “Cooperar con los órganos y entes del Poder Público en la función de control, conforme a la legislación y demás instrumentos normativos vigentes”, pero no define el objeto susceptible a Contraloría Social.
Sería un avance importante el hecho de ampliar el ámbito de aplicación de la Contraloría Social, que dotaría al Consejo Comunal –en miras a la integración de un espacio superior de organización como las Comunas (Consejos Comunitarios, Estudiantiles, Consejos de Trabajadores y Trabajadoras)- de una competencia que amplía la participación efectiva del pueblo en la cosa pública.
Ahora bien, la contraloría social sigue siendo eso, una ampliación de la participación, que sigue siendo limitada por la Ley y que debe hacerse de acuerdo a ciertos procedimientos que corresponden al Estado burgués, es decir, se siguen protegiendo los intereses de la clase dominante.
¿Qué es el control?
Es efectivamente un ejercicio de Poder Popular, de democracia revolucionaria, en la que el pueblo trabajador toma el control de cada uno de los procesos de la vida nacional, comenzando por la economía y la producción, y alcanzando los espacios de la vida política en cuanto a la construcción del Estado Popular y Democrático.
La contraloría social sigue siendo entonces un mejoramiento de la democracia, en términos de las reglas de juego del Estado burgués, mientras que el Control Popular es una herramienta para hacer la Revolución y construir Socialismo y, desde luego, no es el espacio comunitario el único llamado a ejercer el Control Popular, sino las y los trabajadores, estudiantes, campesinos y campesinas, en cada uno de sus espacios y articulados entre sí quienes ejerzan con firmeza revolucionaria el control necesario.
Si se dice que nuestra competencia es sólo vigilar cómo el director de un instituto ejerce sus funciones, y si existe una irregularidad, hay que llenar una planilla y durar un mes consignándola ante los Ministerios “competentes”, estaríamos cumpliendo nuestra función de Contraloría Social: la denuncia.
Ahora, si en vez de eso, decimos que el director de esa institución debe ser revocado del cargo y que ese espacio debe ser asumido por un compañero o compañera que sea electo o electa por el Poder Popular, susceptible a revocatoria, estaríamos hablando de Control Revolucionario.
El obrero puede participar en la Junta Directiva de la empresa para que dé su opinión sobre la situación de la producción, eso es un avance, pero cuando el Consejo Obrero toma el control de la empresa y decide sobre el proceso productivo: eso es Revolución.

Comunas y los Consejos Comunales que necesitamos

A propósito de la reforma de la Ley de los Consejos Comunales
Comunas y los Consejos Comunales que necesitamos

Especial para Tribuna Popular.
Francisco Guacarán.


Ciertamente los Consejos Comunales constituyen el principal espacio de participación y toma de decisiones de la sociedad venezolana, creados desde el año 2006, comenzaron como un espacio de articulación de las diversas organizaciones sociales –Mesas Técnicas de Agua, Comités de Tierra, Comités de Salud, Comités de Deporte, entre otros- que existían en la sociedad, y luego se apropiaron de mayores competencias y responsabilidades en cuanto a la administración de recursos, contraloría social y toma de decisiones.
Entonces, los Consejos Comunales de hoy no son los mismos de hace un par de años atrás, a pesar de los errores e ineficiencias de muchas organizaciones comunitarias de este tipo, y por tanto, se hace necesaria la revisión de su marco legal, con el fin de adecuarlo a la realidad y continuar impulsando su desarrollo y avance.
La presente reforma de Ley no introduce cambios importantes a la organización y competencias de los Consejos Comunales, y aun continúan ciertos “huecos” que son propicios para la discusión.
Por ejemplo, el carácter de la Unidad de Contraloría Social y su ámbito de competencia, herramienta que es obstaculizada por alcaldes, gobernadores y ministros cuando impulsan una obra de cualquier tipo e impiden que la Contraloría Social de los Consejos Comunales afectados se involucre, por ser una obra ejecutada por el gobierno y no por el Consejo Comunal, aunque pareciera ilógico, esta situación es recurrente en los espacios comunitarios.
Asimismo, los Consejos Comunales no pueden quedarse sólo como herramientas para facilitarle el trabajo a alcaldes y gobernadores, sino que son parte –junto a los Consejos de Trabajadores, Consejos Estudiantiles, Consejos Campesinos- de esos embriones de la nueva sociedad: las Comunas.
Por tanto, su carácter político, junto a los elementos técnicos que le acompañan, son cuestiones que deben ser resueltas.
De igual forma, los Consejos Comunales no pueden ser islotes, cada uno aislado del otro, sin ninguna articulación, por el contrario, si tomamos en cuenta el carácter político y revolucionario de estos espacios es necesario que el marco legal se refiera a la articulación en mancomunidades de consejos comunales, y su organización parroquial, municipal, regional e incluso nacional.
Claro, esto si estamos claros en la distinción entre Comunas y mancomunidades de Consejos Comunales.
Como ya hemos afirmado, las Comunas no pueden estar constituidas sólo por estas mancomunidades.
Si los Consejos Comunales continúan aislados es muy poca la fuerza que tendrían al ejercer efectivamente el poder comunitario y emprender sus propios proyectos, una articulación eficiente y consolidada como una fuerte red en diversos niveles, aseguraría la construcción de unas Comunas fuertes, junto a las demás formas de organización.
Ciertamente, existe un avance en cuanto a la creación de un espacio de coordinación más pequeño que permita agilizar las tareas del Consejo Comunal, ayudar a la articulación entre las otras unidades y hacer mucho más rápida la evaluación de las posibles acciones a tomar, sin embargo, aquí hay que resaltar la necesidad de la formación socio-política y, en especial, la ética revolucionaria para evitar que los voceros y voceras en estas funciones se corrompan con el ejercicio del poder unipersonal y se conviertan en “jefes” o “jefas” del Consejo Comunal.
La discusión sobre esta reforma de Ley, que no tenga en cuenta un debate serio sobre el concepto de Comunas, la idea de Poder Popular, y la caracterización del Estado y del Socialismo, pudiera convertirse en algo estéril que inhiba el carácter constituyente y revolucionario de las instancias populares de participación.

De las Comunas al Estado Popular

Firmeza ideológica en la construcción del Poder Popular
De las Comunas al Estado Popular

Especial para Tribuna Popular.
Francisco Guacarán.


La dialéctica nos enseña que el desarrollo de los procesos históricos se da a partir de formas simples de organización y trabajo, hasta desarrollar formas más complejas, nutridas por un proceso de aprendizaje, ensayo-error, contradicciones y aciertos, en una dinámica permanente de transformación, de avances y retrocesos.
Es así como los y las marxistas comprendemos al mundo en su realidad concreta y nos preocupamos por impulsar sus procesos de transformación en favor de los sectores excluidos y, especialmente, de la clase obrera.
El proceso revolucionario ha dado claras muestras de ello: las comunidades marginadas de las zonas populares del país comenzaron a darse espacios de organización y participación en problemas comunes específicos: Mesas de Agua, de Energía, Comités de Tierras, Comités de Salud, etc., con el impulso de una política acertada de promoción social desde el gobierno nacional.
Su propia dinámica, a partir del trabajo permanente de los y las participantes de estos espacios mínimos de acción comunitaria, pujaron por la creación de un espacio más organizado y que diera respuestas a planteamientos más globales: y se constituyen los Consejos Comunales, como una clara necesidad de avanzar en obtener más poder revolucionario.
Ahora nos encontramos ante otra necesidad para poder avanzar en el proceso de liberación nacional: ¿cuál es esa forma de organización, ese espacio de movilización para la lucha de clases, que debe darse el pueblo trabajador y que se adecue a la realidad actual y cumpla con sus exigencias? Ciertamente son las Comunas, pero no como un espacio exclusivo de la comunidad, con el único objetivo de hacerle la gestión más sencilla a alcaldes y gobernadores -en masculino y femenino-; como ya hemos afirmado, debe ser un espacio popular y combativo, expresión de esa necesidad de avanzar -y no de retroceder- en el que comiencen a articularse cada uno de los sectores sociales organizados: comunidades, estudiantes, trabajadores y trabajadoras, campesinos y campesinas, indígenas.
Necesitamos un espacio del Poder Popular, de carácter constituyente, transformador y movilizador de un pueblo consciente -no sólo para eventos electorales, sino para la lucha de clases, tal como afirmaba el Compañero Presidente Allende-.
Para ello, los y las comunistas tenemos una tarea fundamental para lograr llenar de contenido revolucionario y popular la propuesta de las Comunas, y no permitir que se desvirtúe un espacio para la democracia popular bajo la sombra de las propuestas de la social-democracia reformista que juega al gatopardismo y al mantenimiento del status quo, todo ello vestido con un ropaje supuestamente revolucionario: nuestra tarea sigue siendo la de cumplir nuestro Programa revolucionario y nuestra Línea Política, pero con el hecho consciente que al no hacerlo estaríamos siendo cómplices por omisión y desidia de un peligroso retroceso en el proceso revolucionario que el pueblo venezolano se ha dado, y estaríamos abriéndole paso al enemigo de clase que se fortalece cada vez más y se prepara para arremeter contra la propuesta socialista, ante la crisis del capitalismo.
Es hora de que los Consejos Comunales lleguen a las fábricas y a las escuelas, a los Ministerios y Universidades, a los campos y a las empresas del Estado y promuevan la organización de los sectores de trabajadores, esos mismos que duermen su miseria y sueñan su liberación en las comunidades populares, pero cuyo principal aporte está ahí dentro de sus espacios de trabajo, donde resienten la lógica explotadora del capitalismo y desde donde se puede alcanzar su superación; la organización del estudiantado, para la construcción de la Educación Popular, la democratización de los “claustros académicos”, una educación al servicio del pueblo; la organización de los trabajadores y trabajadoras del campo, esos quienes siguen siendo oprimidos por el latifundismo.
La construcción del Poder Popular -como real democracia revolucionaria y no como discurso vacío que mantiene vivo al Estado Burgués- requiere de la participación de todos los sectores, y son las comunidades -el sector más avanzado- quienes tienen la mayor responsabilidad para seguir avanzando, y junto a los Consejos de Trabajadores y Trabajadoras, Consejos Estudiantiles, Consejos Campesinos, impulsar las tareas de un Estado Popular y Democrático: la organización de la economía nacional, de su producción para beneficio del pueblo trabajador, la formación de una nueva cultura, una educación diferente, la construcción de la utopía posible.
Camarada, avancemos firmes en la construcción de las Comunas revolucionarias, en la construcción de Poder Popular, con las herramientas del marxismo-leninismo para derribar lo viejo, construir lo nuevo, derrotar al enemigo de clase y liberar al pueblo trabajador.

Comunas: oportunidad histórica para el Poder Popular

Debate nacional sobre Poder Popular, Comunas y Consejos Comunales
Comunas: oportunidad histórica para el Poder Popular

Especial para Tribuna Popular. Francisco Guacarán

Hoy, en medio de una profunda crisis del sistema capitalista, nos encontramos ante un reto importante: ¿cómo definimos al Poder Popular? ¿Cómo construimos efectivamente ese Poder Popular? ¿Cuál es la relación de ese Poder Popular con el Estado actual o con otro que se pueda construir?
Son interrogantes que motivan a discusiones fundamentales y, asimismo, pueden definir el rumbo que tomaría el actual proceso político en lo sucesivo.
En definitiva, la cuestión del Poder Popular transversaliza toda la vida integral del país, y toca elementos sensibles para el desarrollo del socialismo: economía, producción, control y administración, cultura, política, comunicación, toma de decisiones, lucha de clases y nuevo Estado Popular y Democrático.
No es un concepto que debe ser tomado a la ligera y mucho menos de forma panfletaria para cumplir un discurso que alegre a “los jefes”.
Hoy se plantea desde el gobierno la conformación de las Comunas, como la expresión más local de “Poder Popular” mediante la articulación de los Consejos Comunales, quienes tendrían en sus competencias el establecimiento del gobierno Comunal con competencias en lo económico -a través del impulso de un nuevo modelo socioproductivo-, en lo político -con la Asamblea Comunal como la máxima instancia de decisión-, sólo por mencionar algunas.
Sin embargo, la cuestión no es tan sencilla como la “unificación” de varios Consejos Comunales y establecer otro nombre. A todas las organizaciones les corresponde dar su aporte a la discusión, y es necesario comenzar a puntualizar.
Para los sectores revolucionarios, se ha entendido al Poder Popular como la fuerza del pueblo organizado en todos sus sectores -trabajadores, comunidades, estudiantes- ejerciendo el Poder sobre la vida social, económica y política, especialmente sobre el control de la producción y la satisfacción de las necesidades de la población.
Si sólo entendemos al Poder Popular como una parcela de un sector de la sociedad, muy poco podemos incidir en la transformación integral del país y en la superación del modo capitalista. Por ejemplo, las comunidades por sí solas no pueden impulsar la transformación del modo económico, si no existe una organización de los trabajadores y trabajadoras y un control sobre su espacio laboral.
Sin la participación de los trabajadores y trabajadoras organizados y movilizados en sus centros de trabajo, sin la participación de los estudiantes en cada universidad y liceo, no podemos hablar de Poder Popular.
Ahora bien, ¿el Poder Popular es solamente un espacio dentro de la Administración Pública Nacional que tiene incidencia sólo en lo Comunal? ¿Es sólo una parte más del Estado burgués que aun se mantiene vivo en nuestro país?
Ante esas interrogantes muchos y muchas dicen que no, que el Poder Popular es la fuerza y el Poder efectivo a partir del cual nacen los demás poderes de un Estado popular y revolucionario, es la máxima expresión de participación y decisión del pueblo organizado -en todos los niveles: local, municipal, regional y nacional- y nada debe estar por encima de ello.
Si lo concebimos como sólo una instancia más de gestión gubernamental, únicamente ampliaríamos el gran monstruo que es el Estado burgués y muy poco aportaría a su superación.
Entonces, las Comunas deben ser la expresión más local de Poder Popular, en la que se expresen los intereses articulados de los Consejos Comunales, Consejos de Trabajadores y Trabajadoras, Consejos Campesinos, Consejos Estudiantiles y demás formas de organización popular.
Todo esto debe ir de la mano con una transformación profunda del sistema económico capitalista y del avance necesario en la socialización de los medios de producción. No podemos hablar de Poder Popular y mucho menos de Socialismo si no comenzamos a tocar los intereses del Capital y no comenzamos a superar la contradicción fundamental entre una mayoría que todo lo produce y nada tiene, y una minoría que se enriquece a través de la explotación y el saqueo.
Las Comunas deben ser esas instancias celulares que comiencen a construir esa forma organizativa nacional que ayude a la edificación del socialismo; las Comunas son instancias que deben subvertir de una vez por todas al orden burgués; las Comunas representan la única garantía de avanzar hacia una revolución socialista.

viernes, 23 de enero de 2009

Tribus juveniles... ¿Dónde está su rebeldía?


El proyecto moderno, junto al sistema capitalista, y especialmente en su fase neoliberal, ha tenido dentro de sus objetivos sociales la promoción de un individualismo radical, que fragmente a la sociedad mundial y evite la toma de conciencia, la movilización y la organización. Desde luego, en las últimas décadas de avance globalizador y profundización de la revolución tecno-científica, en el cual debemos incluir los avances en los sistemas y formas de comunicación, esta individualización se ha profundizado, con el apoyo fundamental de las empresas de información a nivel mundial. Y este tema es muy interesante, porque se entremezclan varios elementos importantes: el primero, la promoción de grupos, colectivos, tribus juveniles vendidas como originales y a la vez propios de la “rebeldía juvenil”; una identidad de supremacía y de competencia entre los mismos grupos; y, el mantenimiento de comportamientos racistas y xenófobos.
Es fácil observar la forma en que la sociedad se encuentra altamente fragmentada, especialmente entre los jóvenes, quienes ven la “necesidad” de pertenecer a un grupo en el cual compartan los mismos gustos, los mismos problemas, las mismas necesidades. Pero, lo interesante desde el punto de vista cultural es la forma en que estos grupos o tribus juveniles se engranan perfectamente con una industria cultural que les invita a ser parte del consumismo económico y mediático para estar siempre a la moda, ser “originales” –dentro de un sistema de producción en serie- y ¡rebeldes! Por tanto, observamos que existen jóvenes adscritos a la cultura musical del ska o punk, contestataria y anticapitalista, y compran su ropa en las grandes tiendas de moda juvenil en los centros comerciales más elitescos de cualquier urbe latinoamericana.
Asimismo, se traslada esa competitividad del sistema capitalista, con el fin de alcanzar el éxito y ser el mejor, a las tribus urbanas juveniles. Por lo tanto, se observa frecuentemente una rivalidad entre diversos grupos, los punketos contra los roqueros, los del hip-hop contra los regueatoneros, los popseros contra todos, etc. Desde luego, acá también hay que hacer unas cuantas salvedades en torno a la diferencia a lo interno de cada grupo y sus representaciones sociales de acuerdo al espacio en el que se desarrollen, por ejemplo, no es lo mismo un joven regueatonero de los sectores populares que uno de clase media o media alta, tanto por las diferencias en torno a sus consumos culturales como el acceso a los mismos.
Finalmente, si asumimos la importancia que tienen los mass media en la configuración de estas tribus urbanas juveniles, y la importancia que tiene este sector de la sociedad para la industria cultural y económica, debemos comprender también cómo el racismo que opera a lo interno de estas empresas de información es trasladado y asumido por estos grupos juveniles como un producto cultural más. Y podemos observar cómo muchos jóvenes, independientemente de la zona en la que residan, pueden rechazar y denigrar a personas negras, indígenas, latinoamericanas, y darles preferencia a europeos o norteamericanos.
Entonces, la pregunta que yo me haría para alejarme del reconocimiento de esta cultura juvenil y buscar alguna salida, es ¿cómo hacemos para generar una contraofensiva comunicacional, popular, que permita darle un vuelco a estos elementos culturales que las tribus urbanas juveniles están consumiendo en estos momentos y colocarlos al servicio de un proyecto revolucionario genuino que les involucre?

Comuniquemos la lucha


Nuevamente volvemos al interesante tema de la cultura, específicamente las diferencias culturales y la propuesta de reconocimiento de las múltiples culturas, es decir, la existencia de un multiculturalismo que la sociedad moderna está llamada a reconocer en el marco de una globalización tecno-económica que avanza a pasos agigantados. Inevitablemente esta propuesta posee un contenido posmoderno que me causa un poco de ruido, especialmente si viene disfrazada de revolucionaria, es decir, la conformación de una nueva sociedad –he ahí el enganche revolucionario- basada en el reconocimiento, a través de la comunicación y no de la confrontación, de todas las formas de pensar y todas las culturas –todo se viene abajo-.
Antes, es necesario afirmar que tengo presente la importancia para cualquier proceso, sistema o dinámica realmente democrática el hecho de reconocer las diversas y diferentes formas de pensamiento, no me considero un defensor del pensamiento único, por cuanto la creatividad, la imaginación y la libertad son valores humanos irrenunciables, y que sólo son coartados bajo un sistema capitalista y sustentando en el proyecto desviado de la modernidad. Sin embargo, no puedo dejar de lado mi propia formación ideológica y política, en la cual, la liberación del ser humano de la explotación capitalista es un paso fundamental para la construcción de una sociedad que democráticamente respete las formas de pensamiento. Sin libertad es difícil hablar de respeto a esa otredad que tanto defiende el proyecto posmoderno.
Precisamente en este último punto es que puedo centrar la discusión, si nos planteamos la necesidad de trascender el actual sistema político-económico y construir otro diferente. Y como se ha puesto de moda entre los sociólogos y sociólogas el discurso de la postcolonialidad –una suerte de “todo vale” dentro del mundo cultural y del conocimiento-, basado en la necesidad de reconocer al otro y no imponerle tu forma de pensar, como un reconocimiento de esa multiculturalidad que el proyecto moderno, a lo cual le sumaría el proyecto neoliberal, pretende invisibilizar, y nuevamente entra la comunicación entre todos para su reconocimiento. Y ahora me pregunto, ¿qué carajo hago yo con el hecho de que los explotadores me “reconozcan” mi forma de pensar? ¡Qué bien! ¡Mi jefe reconoce que trabajo 12 horas diarias y me pagan una miseria para mantener a mi familia en una vivienda alquilada! ¡Ahora los gobiernos neoliberales reconocen la existencia de comunidades indígenas, mientras les explican en su lengua que van a destruir sus chozas y conucos para construir una vía expresa de transporte pesado! ¡Pero los reconocen! ¿Es esta la nueva sociedad de la que tanto hablan los postmodernos?
Ciertamente estoy de acuerdo en que el proyecto moderno ha hecho que la cultura occidental se ubique, a través de la imposición persuasiva –una dominación más sutil- o de la confrontación directa, como la hegemónica y en un nivel superior en relación a las demás. Y desde luego, esto no podemos dejar de relacionarlo con la lucha de clases, que tanta piquiña le causa a nuestros amigos posmodernos, por cuanto la cultura occidental y el sistema capitalista, especialmente en su fase neoliberal, son dos procesos o elementos que van acompañados. Pero, no por eso, en mi condición militante, en todas sus expresiones, voy a dejar de sumar a personas, grupos, colectivos a lo que yo creo que debe ser el camino para alcanzar una sociedad realmente diferente. Es decir, si un trabajador que, bajo mi concepción teórica, filosófica y científica, está siendo explotado por el dueño de la fábrica, y éste no se siente explotado ¿qué hago? ¿Me dejo llevar por el discurso postcolonial y posmoderno que implica entender por qué este explotado no se reconoce a sí mismo como tal y seguir mi camino? Ah, es que si le digo que es un explotado, le estoy imponiendo mi forma de pensar. Seguro estoy que ésta no es la vía.
Siglo XXI, el mundo envuelto en un caos, el sistema capitalista en crisis, nuestra naturaleza junto a nuestros valores en una decadencia total… ¿nos reconocemos y todo sigue igual, o luchamos reconociéndonos en la diversidad?

El desarrollo desde la diversidad... ¿Hoy?


La globalización, en el sentido más ligero que se le pueda ofrecer a esta noción –comunicacional, tecnológica, económica, cultural, política, social, e incluso sus interrelaciones e interdependencias- tal como se encuentra configurada en el actual sistema-mundo capitalista –en palabras de Wallerstein- se encuentra expresada de la siguiente manera: una minoría occidental, de corte imperialista, con todos los recursos económicos, políticos y mediáticos a su disposición, crean, desarrollan y expanden sus políticas empresariales a todas las regiones del mundo, las cuales deben aceptarlas y adoptarlas bajo los mismos parámetros en que son presentadas, es decir, existe una relación claramente unilateral entre una minoría poderosa que le impone a la mayoría desmovilizada un sinfín de patrones eminentemente culturales sustentados en una lógica económica.
Lo que resulta interesante dentro de este panorama es la manera en que esa mayoría desmovilizada, poco organizada y alienada, en muchos casos, se asume y se ve a sí misma, y comenzamos a no reconocernos como una mayoría poderosa, sino que más bien nos vemos como un conjunto muy fragmentado de corrientes, grupos, tribus y cualquier otra noción que pudiera salir de una microsociología creativa. Es decir, nos planteamos la lucha como la necesidad del reconocimiento de los negros, de los indígenas, de las mujeres, de los y las homosexuales, transexuales, cultores, y un sin fin de comunidades autodenominadas “minorías”. Ciertamente, existe una expresión numérica de algunas de esas comunidades que le darían validez a este calificativo de minorías, en relación a otros grupos; por ejemplo, las comunidades indígenas ciertamente serían minorías ante la comunidad occidental, asiática o árabe, pero, ¿por qué hablamos de la comunidad negra como una minoría, por ejemplo? Entonces, ¿qué tenemos? Una masa de trabajadores y trabajadoras –si nos referimos a la condición que emana desde la propuesta marxista quizá para la unificación de la gran lucha reivindicativa y revolucionaria de esas hoy “minorías”-, en sus diversas expresiones culturales, que no se asume a sí misma como tal, sino que, por el contrario, adoptan la intención de la globalización neoliberal y del sistema capitalista de continuar con la fragmentación y la desorganización de la mayoría explotada y utilizada para el mantenimiento del status quo.
Ciertamente, en estos momentos, el discurso llamado “contra-hegemónico” ha levantado como principal bandera de lucha el reconocimiento de la diversidad, el reconocimiento de las diferencias culturales, de las diferencias de pensamientos para una convivencia pacífica, basada eminentemente desde el respeto. Con respecto a este planteamiento es difícil estar en contra, al menos en una primera mirada, sin embargo, para quienes creemos en las contradicciones como un elemento característico de los procesos concretos de la realidad social, esta propuesta llevaría consigo planteamientos peligrosos, como por ejemplo el reconocimiento de cualquier cultura y la ingenua convivencia entre posiciones contradictorias en un mismo espacio –esto desde luego, nos llevaría a una larga discusión acerca del carácter y definición del poder-. Entonces, en el actual sistema –caracterizado por esas mismas corrientes contra-hegemónicas como explotador, excluyente, expoliador, denigrante de la condición humana- observamos que hay una propuesta que se viste de revolucionaria y progresista pero que no hace más que quedarse en el mero reformismo, es decir, la búsqueda del reconocimiento del Estado actual, y de sus comandos operativos –llamados gobiernos nacionales- de su cultura, su idiosincrasia. Una suerte de “individualismo revolucionario” que no se plantea la unificación de todos estos grandes grupos “minorías” ni la propuesta de un programa de lucha en conjunto, sino la búsqueda del reconocimiento a MI cultura.
Entonces, en estos términos, cualquier proyecto nacional a partir de la noción de desarrollo, que siga siendo manejado o impulsado por los sectores dominantes de un sistema capitalista, seguirá siendo esencialmente excluyente, mientras no exista un reconocimiento de la fuerza y la mayoría de estos grupos de trabajadores y trabajadoras, como el elemento que les unifica.

El Trabajo Necesario


Este papel de trabajo lo comenzaré con una frase que pude resumirlo todo: “ellos sí están haciendo el trabajo”. Con ellos, me refiero definitivamente a quienes se plantean la necesidad de difundir y mantener las ideas neoliberales como hegemónicas dentro de cualquier sociedad, utilizando para ellos todos los recursos a su disposición, especialmente dos que son fundamentales para el logro de sus objetivos: las empresas de información y el sistema educativo. En el primer caso, la discusión acerca de las empresas de información es muy extensa, pero la podemos resumir en su condición de aparatos que disfrazan a un sistema informativo –unilineal- y lo venden como una comunicación abierta, con unos falsos valores de ética, objetividad e imparcialidad, cuando en realidad responden, en lo inmediato, a intereses corporativos de compañías transnacionales, y en un sentido más general, responden a unos intereses ideológicos de mantenimiento del sistema capitalista. El segundo recurso utilizado por “ellos”, cumple básicamente la misma función, con la diferencia de que el sistema educativo no actúa estrictamente como una empresa, pero sí tiene la misma función: el mantenimiento del status quo, con la diferencia de que las empresas de información son dirigidas a cualquier público, mientras que el sistema educativo prepara y condiciona a las nuevas generaciones que se encargarán de defender, con manos blancas, al sistema desde muy pequeños(1).
Cuando me refiero al “trabajo”, es porque saben la necesidad de difundir y hacer que estos planteamientos neoliberales, como sostén del sistema capitalista global, queden internalizados profundamente en la sociedad. Por lo que asumen con éxito una batalla ideológica que hasta los momentos la continúan ganando, a través de convenios, producciones intelectuales, revistas, publicaciones, propagandas, etc. A través de estos elementos, se difunden, se enaltecen los grandes principios mercantilistas de respeto y adoración al sacrosanto mercado, de inviolabilidad de la propiedad privada, de respeto a las instituciones y las leyes y no adoctrinamiento de los niños en las escuelas.
Finalmente, el reconocimiento de un contexto específico que otorgue mayor comprensión a la frase, y especialmente a ese sí, no condicional sino afirmativo, y el espacio concreto es nuestro país en la actualidad y su proyecto político que tiene como gran talón de Aquiles la ausencia de una política comunicacional y educativa que haga contrapeso real, con los recursos que tiene a su disposición, a la agresión neoliberal en el campo de la cultura y la información. Es decir, dentro de un discurso político referido a la inclusión, la participación, la creación de un hombre nuevo y de una mujer nueva, de unos valores socialistas que transformen a nuestra sociedad, existe una contradicción en el aumento del consumismo, en la permanencia de los valores neoliberales, mencionados más arriba, en el imaginario y la práctica de nuestra sociedad. Hemos sido incapaces, hasta ahora, de crear una red de comunicación alternativa que se convierta en hegemónica y plantee unos nuevos valores no-neoliberales; así como la incapacidad de asumir la cuestión educativa como parte fundamental del cumplimiento de estos objetivos que se han presentado sólo discursivamente hasta los momentos. Por eso reafirmo la frase: “ellos sí están haciendo su trabajo”. ¿Y nosotros?

(1)Basta con observar en la página web de Rebelión un video que muestra una obra de teatro infantil, protagonizada por niños de 9-10 años de edad, en promedio, en la que defienden los derechos de autor y arremeten contra la “piratería”, utilizando los mismos argumentos que esgrimen las compañías transnacionales.

¡INTIFADA! ¡CONTRA LA MASACRE DEL SIONISMO!

¡50 años de lucha Antiimperialista!


¡Por el Conocimiento Libre!

Yo acuso, tu eres contrarrevolucionario... ¡El PCV no se va!


http://www.aporrea.org/ideologia/a65464.html

Las elecciones del sistema democrático burgués representan escenarios en los que las pasiones afloran hasta niveles insospechados, espacios de vida o muerte para los contendores quienes harán hasta lo imposible por alcanzar el tan ansiado "poder". En términos sociológicos el poder es un concepto de mucha discusión, debate y teorización acerca de lo que representa de forma simbólica y concreta para los seres humanos, y en muchos casos las expresiones de sus efectos no son los más admirables o los más "racionales". Esta lucha por el poder, recalco nuevamente, bajo las reglas del sistema democrático burgués, definitivamente nos puede llevar a reflexiones y análisis erróneos, cuestión que puede tener un bajo impacto en la lucha por una voceria del Consejo Comunal -como una expresión de poder en un espacio local-, por ejemplo, pero que puede llevar a tomar pésimas decisiones y políticas equivocadas cuando implica una jugada en el terreno político nacional, visto como un todo.

Hoy se escribe una página más en el triste capítulo de arremetidas verbales del presidente en contra del Partido Comunista de Venezuela, nuevamente una terquedad absoluta e increíble hace que el líder del proceso revolucionario enfile sus cañones directamente a un supuesto enemigo con posturas "contrarrevolucionarias" y con una agenda que el está dispuesto a develar, y de una manera muy modesta resume el conflicto en dos platos simplistas: una posición maniqueísta de "o están conmigo o están en mi contra", cuestión que se auto-responde cuando afirma que no se reconoce el liderazgo de su figura porque esos partidos no se disolvieron para unirse al PSUV. Los simplismos y reduccionismos no le caen nada bien a un lider estratega como el comandante Chávez, dejan de lado muchos matices importantes para la reflexión, nublan el horizonte y alimentan el orgullo.

Pienso que sería estéril hacer nuevamente una explicación acerca de la postura del PCV desde el llamado del presidente a la unidad partidista en una única plataforma, estoy seguro de que el pueblo sabe muy bien que la decisión de no disolución del PCV fue producto de meses de discusión interna y producto del mandato del Congreso -como máxima instancia de decisión del partido- cumpliendo de manera fiel con nuestros preceptos leninista de democracia interna, de consulta constante a las bases. Parece que el presidente Chávez aun no quiere entender que el Partido Comunista de Venezuela, como partido que no funciona con las mismas normas de una organización burguesa, sustenta sus decisiones y sus acciones en la expresión real de su militancia de base, y sus organismos de dirección y los cuadros que asumen dicha responsabilidad no son más que instrumentos que logran hacer efectiva tal expresión, así que si no se quiere nada con los líderes, con la dirección del PCV es equivalente a decir que no quiere nada con los militantes de base del PCV, porque los primeros no hacen más que llevar a cabo los deseos de la orgulla base comunista. Somos LENINISTAS, creemos en la democracia partidista, creemos en una organización fuerte, llena de ética y moral revolucionaria, con firmeza ideológica y compromiso en lo que hacemos y decimos.

¿El no reconocimiento del liderazgo de Chávez fue la razón fundamental para la no disolución del PCV y su incorporación al PSUV? ¿Olvida el presidente que una de las resoluciones del Congreso Extraordinario del PCV fue el reconocimiento inequívoco de su liderazgo y de su importancia para el proceso revolucionario? Las discusiones internas durante dicho Congreso fueron expresión de firmeza ideológica, de un análisis acerca del momento político actual que hasta el momento no ha mostrado señales de haber sido errado. Aun falta mucho por construir en este proceso de liberación nacional, el Poder Popular aun no se consolida y hay sectores rojo-rojitos que son obstáculos para ello; falta mucho para crear un verdadero sistema económico socialista; nuestro sistema educativo aun esta lejos de ser el idóneo para una era socialista; y para todo ello el PCV ha dado propuestas para el debate, ha dado aportes para la discusión porque creemos en que la crítica sin aportes es estéril y una piedra de tranca para el avance.

Vamos a ponernos de acuerdo entonces, ¿quién es el verdadero enemigo del proceso revolucionario en nuestro país? ¿Dónde están las verdaderas piedras de trancas de nuestro sueño por un país mejor? ¿Están en organizaciones que respetan las decisiones de sus bases o en actitudes infantiles como el sectarismo? ¿Están en camaradas que ejercen la crítica revolucionaria y que actúan de acuerdo a lo que defina un colectivo para proponer soluciones a los problemas, o en aquellos quienes acusan de contrarrevolucionarios a quienes develan las fallas del proceso? Camaradas, seguro estoy de que concuerdan conmigo al afirmar que los enemigos del proceso revolucionario son los viejos vicios capitalistas, el sectarismo, las ansias de protagonismo, a lo que se le suman hoy la manipulación ideológica (si no haces lo que diga Chávez eres imperialista) y una corriente anticomunista, completamente reformista enquistada en las altas esferas de la dirigencia pseudorrevolucionaria -excluyendo al comandante Chávez-.

Entonces, camaradas ¿el enemigo es una organización política que en sus más de 70 años de historia ha demostrado, y sigue demostrando, que la única agenda política que asumen es la derrota del imperialismo y la construcción del socialismo? ¿Una organización que ha sido ejemplo de compromiso y consecuencia revolucionaria? ¿Un partido que sigue estando al servicio de los y las trabajadores de nuestro país, como expresión de la explotación y la miseria capitalista? Creo que debemos enfilar las baterías y la artillería completa hacia otro lugar, quizá mucho más cerca del comandante Chávez.

Finalmente, lamento informarle compañero presidente que si realmente quiere echarse al hombro semejante responsabilidad de desaparecer al glorioso Partido Comunista de Venezuela de la escena política nacional, le auguro un triste fracaso. Los calabozos y gruilletes de la dictadura gomecista no pudieron con nosotros; la dictadura perezjimenista, las torturas, persecución y muerte de la pseudodemocracia puntofijista en alianza con el imperialismo estadounidense, en plena Guerra Fría, no lograron desaparecer al P.C.V., dudo mucho que en estos momentos en que el pueblo venezolano asume con férrea voluntad la lucha por la consolidación de la revolución bolivariana, por avanzar en la construcción de la sociedad socialista y por elevar la necesaria conciencia revolucionaria, como condición para lograr nuestros objetivos, alguien pueda imaginarse que el PCV saliese del terreno político nacional. EL PARTIDO COMUNISTA DE VENEZUELA DESAPARECERÁ CUANDO LOS TRABAJADORES Y LAS TRABAJADORAS DE NUESTRA PATRIA NO SIGAN SIENDO VÍCTIMAS DE LA EXPLOTACÓN CAPITALISTA Y CUANDO LA SOCIEDAD VENEZOLANA SEA LIBRE DE CUALQUIER DOMINIO BURGUÉS Y SE HAYA INSTAURADO LA SOCIEDAD MÁS HERMOSA QUE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD HAYA CONOCIDO JAMÁS: LA SOCIEDAD COMUNISTA.

Los y las comunistas de Venezuela seguiremos luchando desde nuestra humilde trinchera, apoyando los grandes avances del proceso revolucionario y poniendo el dedo en la llaga cuando haga falta la necesaria crítica revolucionaria. Reivindicamos la necesidad de la Dirección colectiva del proceso revolucionario, si de verdad creemos en la unidad, si de verdad creemos en la democracia socialista, si realmente estamos comprometidos con un proceso incluyente, humanista y novedoso, pues avancemos juntos en la construcción del socialismo venezolano. El Partido Comunista de Venezuela no sale del camino revolucionario, avanza con paso firme junto a las botas de hierro de la clase obrera venezolana, junto a los excluidos y excluidas, junto a los y las siempre miserables.

¡SOMOS COMUNISTAS, SOMOS REVOLUCIONARIOS Y REVOLUCIONARIAS!
¡A TODOS NUESTROS MÁRTIRES: ESTAMOS CUMPLIENDO!
¡VIVA EL GLORIOSO PARTIDO COMUNISTA DE VENEZUELA!
¡VIVA LA JUVENTUD COMUNISTA DE VENEZUELA!
¡UNIR, ESTUDIAR Y ORGANIZAR! ¡POR EL SOCIALISMO, CREANDO PODER POPULAR!
¡OTRA VEZ, OTRA VEZ! ¡AVANZA EL PCV!

PATRIA O MUERTE
¡VENCEREMOS!


guaky1502@gmail.com