viernes, 23 de enero de 2009

Tribus juveniles... ¿Dónde está su rebeldía?


El proyecto moderno, junto al sistema capitalista, y especialmente en su fase neoliberal, ha tenido dentro de sus objetivos sociales la promoción de un individualismo radical, que fragmente a la sociedad mundial y evite la toma de conciencia, la movilización y la organización. Desde luego, en las últimas décadas de avance globalizador y profundización de la revolución tecno-científica, en el cual debemos incluir los avances en los sistemas y formas de comunicación, esta individualización se ha profundizado, con el apoyo fundamental de las empresas de información a nivel mundial. Y este tema es muy interesante, porque se entremezclan varios elementos importantes: el primero, la promoción de grupos, colectivos, tribus juveniles vendidas como originales y a la vez propios de la “rebeldía juvenil”; una identidad de supremacía y de competencia entre los mismos grupos; y, el mantenimiento de comportamientos racistas y xenófobos.
Es fácil observar la forma en que la sociedad se encuentra altamente fragmentada, especialmente entre los jóvenes, quienes ven la “necesidad” de pertenecer a un grupo en el cual compartan los mismos gustos, los mismos problemas, las mismas necesidades. Pero, lo interesante desde el punto de vista cultural es la forma en que estos grupos o tribus juveniles se engranan perfectamente con una industria cultural que les invita a ser parte del consumismo económico y mediático para estar siempre a la moda, ser “originales” –dentro de un sistema de producción en serie- y ¡rebeldes! Por tanto, observamos que existen jóvenes adscritos a la cultura musical del ska o punk, contestataria y anticapitalista, y compran su ropa en las grandes tiendas de moda juvenil en los centros comerciales más elitescos de cualquier urbe latinoamericana.
Asimismo, se traslada esa competitividad del sistema capitalista, con el fin de alcanzar el éxito y ser el mejor, a las tribus urbanas juveniles. Por lo tanto, se observa frecuentemente una rivalidad entre diversos grupos, los punketos contra los roqueros, los del hip-hop contra los regueatoneros, los popseros contra todos, etc. Desde luego, acá también hay que hacer unas cuantas salvedades en torno a la diferencia a lo interno de cada grupo y sus representaciones sociales de acuerdo al espacio en el que se desarrollen, por ejemplo, no es lo mismo un joven regueatonero de los sectores populares que uno de clase media o media alta, tanto por las diferencias en torno a sus consumos culturales como el acceso a los mismos.
Finalmente, si asumimos la importancia que tienen los mass media en la configuración de estas tribus urbanas juveniles, y la importancia que tiene este sector de la sociedad para la industria cultural y económica, debemos comprender también cómo el racismo que opera a lo interno de estas empresas de información es trasladado y asumido por estos grupos juveniles como un producto cultural más. Y podemos observar cómo muchos jóvenes, independientemente de la zona en la que residan, pueden rechazar y denigrar a personas negras, indígenas, latinoamericanas, y darles preferencia a europeos o norteamericanos.
Entonces, la pregunta que yo me haría para alejarme del reconocimiento de esta cultura juvenil y buscar alguna salida, es ¿cómo hacemos para generar una contraofensiva comunicacional, popular, que permita darle un vuelco a estos elementos culturales que las tribus urbanas juveniles están consumiendo en estos momentos y colocarlos al servicio de un proyecto revolucionario genuino que les involucre?

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