A propósito del Poder Popular, Consejos Comunales y Comunas
CONTRALORÍA Y CONTROL POPULAR
Especial para Tribuna Popular.
Francisco Guacarán
Efectivamente la participación popular constituye el génesis del Poder Popular y de cualquier proceso revolucionario genuino, y para ello, el pueblo trabajador se dota de herramientas que correspondan con sus intereses y objetivos –Partidos políticos, sindicatos, Consejos obreros, Consejos Estudiantiles, Consejos Comunitarios, entre otros-, cuyo fin primordial, si se tiene la conciencia revolucionaria con sentido de clase, es la superación del modo capitalista de producción a través del Poder revolucionario del pueblo organizado, como fase de transición para la edificación del comunismo. Pero no nos vayamos tan lejos, por ahora.
He ahí un elemento importante para la discusión en torno a la Reforma de Ley de los Consejos Comunales y para el proceso de conformación de las Comunas.
Es necesario tener como referencia la línea de trabajo hacia la conformación de las Comunas desde el Ejecutivo Nacional: las Comunas son un fin en sí mismo, es decir, la fuerza del Poder Popular tiene ámbito de competencia local –territorial- y limitado por normas y leyes.
¿Y por qué se hace referencia a esta “línea de trabajo”?
Porque es precisamente una de las aristas de la discusión sobre Poder Popular y Socialismo. La otra fundamental es el ámbito económico.
Entonces, existen conceptos importantes en la definición de una u otra propuesta (reforma o revolución): la Contraloría Social y el Control Popular.
Hasta los momentos, cada espacio de organización se ha dedicado al impulso de la Contraloría Social, como un derecho y un deber social, basado en el principio de corresponsabilidad expresado en la Constitución Nacional, y efectivamente se ha impulsado un buen trabajo en algunos terrenos en el área de la contraloría: el ejercicio de vigilancia social sobre el presupuesto; las obras que ejecuta la alcaldía, gobernación, gobierno central o Consejo Comunal; la calidad de los instrumentos de trabajo; entre otros aspectos, han sido tareas emprendidas por Comités de Trabajo.
Los casos más emblemáticos están en algunos Consejos Comunales (proyectos y obras propias), sector sanitario (hospitales, módulos) y educación (comedores escolares).
Sin embargo, la Reforma de Ley de Consejos Comunales no toma en cuenta este aspecto, y continúa localizando las funciones de la Unidad de Contraloría Social, tan solo dirigido a las obras que sean aprobadas por la Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas y no tiene ámbito de competencia a un espacio externo al Consejo Comunal.
Tan solo en el numeral 4 de la propuesta de artículo 21 menciona: “Cooperar con los órganos y entes del Poder Público en la función de control, conforme a la legislación y demás instrumentos normativos vigentes”, pero no define el objeto susceptible a Contraloría Social.
Sería un avance importante el hecho de ampliar el ámbito de aplicación de la Contraloría Social, que dotaría al Consejo Comunal –en miras a la integración de un espacio superior de organización como las Comunas (Consejos Comunitarios, Estudiantiles, Consejos de Trabajadores y Trabajadoras)- de una competencia que amplía la participación efectiva del pueblo en la cosa pública.
Ahora bien, la contraloría social sigue siendo eso, una ampliación de la participación, que sigue siendo limitada por la Ley y que debe hacerse de acuerdo a ciertos procedimientos que corresponden al Estado burgués, es decir, se siguen protegiendo los intereses de la clase dominante.
¿Qué es el control?
Es efectivamente un ejercicio de Poder Popular, de democracia revolucionaria, en la que el pueblo trabajador toma el control de cada uno de los procesos de la vida nacional, comenzando por la economía y la producción, y alcanzando los espacios de la vida política en cuanto a la construcción del Estado Popular y Democrático.
La contraloría social sigue siendo entonces un mejoramiento de la democracia, en términos de las reglas de juego del Estado burgués, mientras que el Control Popular es una herramienta para hacer la Revolución y construir Socialismo y, desde luego, no es el espacio comunitario el único llamado a ejercer el Control Popular, sino las y los trabajadores, estudiantes, campesinos y campesinas, en cada uno de sus espacios y articulados entre sí quienes ejerzan con firmeza revolucionaria el control necesario.
Si se dice que nuestra competencia es sólo vigilar cómo el director de un instituto ejerce sus funciones, y si existe una irregularidad, hay que llenar una planilla y durar un mes consignándola ante los Ministerios “competentes”, estaríamos cumpliendo nuestra función de Contraloría Social: la denuncia.
Ahora, si en vez de eso, decimos que el director de esa institución debe ser revocado del cargo y que ese espacio debe ser asumido por un compañero o compañera que sea electo o electa por el Poder Popular, susceptible a revocatoria, estaríamos hablando de Control Revolucionario.
El obrero puede participar en la Junta Directiva de la empresa para que dé su opinión sobre la situación de la producción, eso es un avance, pero cuando el Consejo Obrero toma el control de la empresa y decide sobre el proceso productivo: eso es Revolución.
lunes, 22 de junio de 2009
Comunas y los Consejos Comunales que necesitamos
A propósito de la reforma de la Ley de los Consejos Comunales
Comunas y los Consejos Comunales que necesitamos
Especial para Tribuna Popular.
Francisco Guacarán.
Ciertamente los Consejos Comunales constituyen el principal espacio de participación y toma de decisiones de la sociedad venezolana, creados desde el año 2006, comenzaron como un espacio de articulación de las diversas organizaciones sociales –Mesas Técnicas de Agua, Comités de Tierra, Comités de Salud, Comités de Deporte, entre otros- que existían en la sociedad, y luego se apropiaron de mayores competencias y responsabilidades en cuanto a la administración de recursos, contraloría social y toma de decisiones.
Entonces, los Consejos Comunales de hoy no son los mismos de hace un par de años atrás, a pesar de los errores e ineficiencias de muchas organizaciones comunitarias de este tipo, y por tanto, se hace necesaria la revisión de su marco legal, con el fin de adecuarlo a la realidad y continuar impulsando su desarrollo y avance.
La presente reforma de Ley no introduce cambios importantes a la organización y competencias de los Consejos Comunales, y aun continúan ciertos “huecos” que son propicios para la discusión.
Por ejemplo, el carácter de la Unidad de Contraloría Social y su ámbito de competencia, herramienta que es obstaculizada por alcaldes, gobernadores y ministros cuando impulsan una obra de cualquier tipo e impiden que la Contraloría Social de los Consejos Comunales afectados se involucre, por ser una obra ejecutada por el gobierno y no por el Consejo Comunal, aunque pareciera ilógico, esta situación es recurrente en los espacios comunitarios.
Asimismo, los Consejos Comunales no pueden quedarse sólo como herramientas para facilitarle el trabajo a alcaldes y gobernadores, sino que son parte –junto a los Consejos de Trabajadores, Consejos Estudiantiles, Consejos Campesinos- de esos embriones de la nueva sociedad: las Comunas.
Por tanto, su carácter político, junto a los elementos técnicos que le acompañan, son cuestiones que deben ser resueltas.
De igual forma, los Consejos Comunales no pueden ser islotes, cada uno aislado del otro, sin ninguna articulación, por el contrario, si tomamos en cuenta el carácter político y revolucionario de estos espacios es necesario que el marco legal se refiera a la articulación en mancomunidades de consejos comunales, y su organización parroquial, municipal, regional e incluso nacional.
Claro, esto si estamos claros en la distinción entre Comunas y mancomunidades de Consejos Comunales.
Como ya hemos afirmado, las Comunas no pueden estar constituidas sólo por estas mancomunidades.
Si los Consejos Comunales continúan aislados es muy poca la fuerza que tendrían al ejercer efectivamente el poder comunitario y emprender sus propios proyectos, una articulación eficiente y consolidada como una fuerte red en diversos niveles, aseguraría la construcción de unas Comunas fuertes, junto a las demás formas de organización.
Ciertamente, existe un avance en cuanto a la creación de un espacio de coordinación más pequeño que permita agilizar las tareas del Consejo Comunal, ayudar a la articulación entre las otras unidades y hacer mucho más rápida la evaluación de las posibles acciones a tomar, sin embargo, aquí hay que resaltar la necesidad de la formación socio-política y, en especial, la ética revolucionaria para evitar que los voceros y voceras en estas funciones se corrompan con el ejercicio del poder unipersonal y se conviertan en “jefes” o “jefas” del Consejo Comunal.
La discusión sobre esta reforma de Ley, que no tenga en cuenta un debate serio sobre el concepto de Comunas, la idea de Poder Popular, y la caracterización del Estado y del Socialismo, pudiera convertirse en algo estéril que inhiba el carácter constituyente y revolucionario de las instancias populares de participación.
Comunas y los Consejos Comunales que necesitamos
Especial para Tribuna Popular.
Francisco Guacarán.
Ciertamente los Consejos Comunales constituyen el principal espacio de participación y toma de decisiones de la sociedad venezolana, creados desde el año 2006, comenzaron como un espacio de articulación de las diversas organizaciones sociales –Mesas Técnicas de Agua, Comités de Tierra, Comités de Salud, Comités de Deporte, entre otros- que existían en la sociedad, y luego se apropiaron de mayores competencias y responsabilidades en cuanto a la administración de recursos, contraloría social y toma de decisiones.
Entonces, los Consejos Comunales de hoy no son los mismos de hace un par de años atrás, a pesar de los errores e ineficiencias de muchas organizaciones comunitarias de este tipo, y por tanto, se hace necesaria la revisión de su marco legal, con el fin de adecuarlo a la realidad y continuar impulsando su desarrollo y avance.
La presente reforma de Ley no introduce cambios importantes a la organización y competencias de los Consejos Comunales, y aun continúan ciertos “huecos” que son propicios para la discusión.
Por ejemplo, el carácter de la Unidad de Contraloría Social y su ámbito de competencia, herramienta que es obstaculizada por alcaldes, gobernadores y ministros cuando impulsan una obra de cualquier tipo e impiden que la Contraloría Social de los Consejos Comunales afectados se involucre, por ser una obra ejecutada por el gobierno y no por el Consejo Comunal, aunque pareciera ilógico, esta situación es recurrente en los espacios comunitarios.
Asimismo, los Consejos Comunales no pueden quedarse sólo como herramientas para facilitarle el trabajo a alcaldes y gobernadores, sino que son parte –junto a los Consejos de Trabajadores, Consejos Estudiantiles, Consejos Campesinos- de esos embriones de la nueva sociedad: las Comunas.
Por tanto, su carácter político, junto a los elementos técnicos que le acompañan, son cuestiones que deben ser resueltas.
De igual forma, los Consejos Comunales no pueden ser islotes, cada uno aislado del otro, sin ninguna articulación, por el contrario, si tomamos en cuenta el carácter político y revolucionario de estos espacios es necesario que el marco legal se refiera a la articulación en mancomunidades de consejos comunales, y su organización parroquial, municipal, regional e incluso nacional.
Claro, esto si estamos claros en la distinción entre Comunas y mancomunidades de Consejos Comunales.
Como ya hemos afirmado, las Comunas no pueden estar constituidas sólo por estas mancomunidades.
Si los Consejos Comunales continúan aislados es muy poca la fuerza que tendrían al ejercer efectivamente el poder comunitario y emprender sus propios proyectos, una articulación eficiente y consolidada como una fuerte red en diversos niveles, aseguraría la construcción de unas Comunas fuertes, junto a las demás formas de organización.
Ciertamente, existe un avance en cuanto a la creación de un espacio de coordinación más pequeño que permita agilizar las tareas del Consejo Comunal, ayudar a la articulación entre las otras unidades y hacer mucho más rápida la evaluación de las posibles acciones a tomar, sin embargo, aquí hay que resaltar la necesidad de la formación socio-política y, en especial, la ética revolucionaria para evitar que los voceros y voceras en estas funciones se corrompan con el ejercicio del poder unipersonal y se conviertan en “jefes” o “jefas” del Consejo Comunal.
La discusión sobre esta reforma de Ley, que no tenga en cuenta un debate serio sobre el concepto de Comunas, la idea de Poder Popular, y la caracterización del Estado y del Socialismo, pudiera convertirse en algo estéril que inhiba el carácter constituyente y revolucionario de las instancias populares de participación.
De las Comunas al Estado Popular
Firmeza ideológica en la construcción del Poder Popular
De las Comunas al Estado Popular
Especial para Tribuna Popular.
Francisco Guacarán.
La dialéctica nos enseña que el desarrollo de los procesos históricos se da a partir de formas simples de organización y trabajo, hasta desarrollar formas más complejas, nutridas por un proceso de aprendizaje, ensayo-error, contradicciones y aciertos, en una dinámica permanente de transformación, de avances y retrocesos.
Es así como los y las marxistas comprendemos al mundo en su realidad concreta y nos preocupamos por impulsar sus procesos de transformación en favor de los sectores excluidos y, especialmente, de la clase obrera.
El proceso revolucionario ha dado claras muestras de ello: las comunidades marginadas de las zonas populares del país comenzaron a darse espacios de organización y participación en problemas comunes específicos: Mesas de Agua, de Energía, Comités de Tierras, Comités de Salud, etc., con el impulso de una política acertada de promoción social desde el gobierno nacional.
Su propia dinámica, a partir del trabajo permanente de los y las participantes de estos espacios mínimos de acción comunitaria, pujaron por la creación de un espacio más organizado y que diera respuestas a planteamientos más globales: y se constituyen los Consejos Comunales, como una clara necesidad de avanzar en obtener más poder revolucionario.
Ahora nos encontramos ante otra necesidad para poder avanzar en el proceso de liberación nacional: ¿cuál es esa forma de organización, ese espacio de movilización para la lucha de clases, que debe darse el pueblo trabajador y que se adecue a la realidad actual y cumpla con sus exigencias? Ciertamente son las Comunas, pero no como un espacio exclusivo de la comunidad, con el único objetivo de hacerle la gestión más sencilla a alcaldes y gobernadores -en masculino y femenino-; como ya hemos afirmado, debe ser un espacio popular y combativo, expresión de esa necesidad de avanzar -y no de retroceder- en el que comiencen a articularse cada uno de los sectores sociales organizados: comunidades, estudiantes, trabajadores y trabajadoras, campesinos y campesinas, indígenas.
Necesitamos un espacio del Poder Popular, de carácter constituyente, transformador y movilizador de un pueblo consciente -no sólo para eventos electorales, sino para la lucha de clases, tal como afirmaba el Compañero Presidente Allende-.
Para ello, los y las comunistas tenemos una tarea fundamental para lograr llenar de contenido revolucionario y popular la propuesta de las Comunas, y no permitir que se desvirtúe un espacio para la democracia popular bajo la sombra de las propuestas de la social-democracia reformista que juega al gatopardismo y al mantenimiento del status quo, todo ello vestido con un ropaje supuestamente revolucionario: nuestra tarea sigue siendo la de cumplir nuestro Programa revolucionario y nuestra Línea Política, pero con el hecho consciente que al no hacerlo estaríamos siendo cómplices por omisión y desidia de un peligroso retroceso en el proceso revolucionario que el pueblo venezolano se ha dado, y estaríamos abriéndole paso al enemigo de clase que se fortalece cada vez más y se prepara para arremeter contra la propuesta socialista, ante la crisis del capitalismo.
Es hora de que los Consejos Comunales lleguen a las fábricas y a las escuelas, a los Ministerios y Universidades, a los campos y a las empresas del Estado y promuevan la organización de los sectores de trabajadores, esos mismos que duermen su miseria y sueñan su liberación en las comunidades populares, pero cuyo principal aporte está ahí dentro de sus espacios de trabajo, donde resienten la lógica explotadora del capitalismo y desde donde se puede alcanzar su superación; la organización del estudiantado, para la construcción de la Educación Popular, la democratización de los “claustros académicos”, una educación al servicio del pueblo; la organización de los trabajadores y trabajadoras del campo, esos quienes siguen siendo oprimidos por el latifundismo.
La construcción del Poder Popular -como real democracia revolucionaria y no como discurso vacío que mantiene vivo al Estado Burgués- requiere de la participación de todos los sectores, y son las comunidades -el sector más avanzado- quienes tienen la mayor responsabilidad para seguir avanzando, y junto a los Consejos de Trabajadores y Trabajadoras, Consejos Estudiantiles, Consejos Campesinos, impulsar las tareas de un Estado Popular y Democrático: la organización de la economía nacional, de su producción para beneficio del pueblo trabajador, la formación de una nueva cultura, una educación diferente, la construcción de la utopía posible.
Camarada, avancemos firmes en la construcción de las Comunas revolucionarias, en la construcción de Poder Popular, con las herramientas del marxismo-leninismo para derribar lo viejo, construir lo nuevo, derrotar al enemigo de clase y liberar al pueblo trabajador.
De las Comunas al Estado Popular
Especial para Tribuna Popular.
Francisco Guacarán.
La dialéctica nos enseña que el desarrollo de los procesos históricos se da a partir de formas simples de organización y trabajo, hasta desarrollar formas más complejas, nutridas por un proceso de aprendizaje, ensayo-error, contradicciones y aciertos, en una dinámica permanente de transformación, de avances y retrocesos.
Es así como los y las marxistas comprendemos al mundo en su realidad concreta y nos preocupamos por impulsar sus procesos de transformación en favor de los sectores excluidos y, especialmente, de la clase obrera.
El proceso revolucionario ha dado claras muestras de ello: las comunidades marginadas de las zonas populares del país comenzaron a darse espacios de organización y participación en problemas comunes específicos: Mesas de Agua, de Energía, Comités de Tierras, Comités de Salud, etc., con el impulso de una política acertada de promoción social desde el gobierno nacional.
Su propia dinámica, a partir del trabajo permanente de los y las participantes de estos espacios mínimos de acción comunitaria, pujaron por la creación de un espacio más organizado y que diera respuestas a planteamientos más globales: y se constituyen los Consejos Comunales, como una clara necesidad de avanzar en obtener más poder revolucionario.
Ahora nos encontramos ante otra necesidad para poder avanzar en el proceso de liberación nacional: ¿cuál es esa forma de organización, ese espacio de movilización para la lucha de clases, que debe darse el pueblo trabajador y que se adecue a la realidad actual y cumpla con sus exigencias? Ciertamente son las Comunas, pero no como un espacio exclusivo de la comunidad, con el único objetivo de hacerle la gestión más sencilla a alcaldes y gobernadores -en masculino y femenino-; como ya hemos afirmado, debe ser un espacio popular y combativo, expresión de esa necesidad de avanzar -y no de retroceder- en el que comiencen a articularse cada uno de los sectores sociales organizados: comunidades, estudiantes, trabajadores y trabajadoras, campesinos y campesinas, indígenas.
Necesitamos un espacio del Poder Popular, de carácter constituyente, transformador y movilizador de un pueblo consciente -no sólo para eventos electorales, sino para la lucha de clases, tal como afirmaba el Compañero Presidente Allende-.
Para ello, los y las comunistas tenemos una tarea fundamental para lograr llenar de contenido revolucionario y popular la propuesta de las Comunas, y no permitir que se desvirtúe un espacio para la democracia popular bajo la sombra de las propuestas de la social-democracia reformista que juega al gatopardismo y al mantenimiento del status quo, todo ello vestido con un ropaje supuestamente revolucionario: nuestra tarea sigue siendo la de cumplir nuestro Programa revolucionario y nuestra Línea Política, pero con el hecho consciente que al no hacerlo estaríamos siendo cómplices por omisión y desidia de un peligroso retroceso en el proceso revolucionario que el pueblo venezolano se ha dado, y estaríamos abriéndole paso al enemigo de clase que se fortalece cada vez más y se prepara para arremeter contra la propuesta socialista, ante la crisis del capitalismo.
Es hora de que los Consejos Comunales lleguen a las fábricas y a las escuelas, a los Ministerios y Universidades, a los campos y a las empresas del Estado y promuevan la organización de los sectores de trabajadores, esos mismos que duermen su miseria y sueñan su liberación en las comunidades populares, pero cuyo principal aporte está ahí dentro de sus espacios de trabajo, donde resienten la lógica explotadora del capitalismo y desde donde se puede alcanzar su superación; la organización del estudiantado, para la construcción de la Educación Popular, la democratización de los “claustros académicos”, una educación al servicio del pueblo; la organización de los trabajadores y trabajadoras del campo, esos quienes siguen siendo oprimidos por el latifundismo.
La construcción del Poder Popular -como real democracia revolucionaria y no como discurso vacío que mantiene vivo al Estado Burgués- requiere de la participación de todos los sectores, y son las comunidades -el sector más avanzado- quienes tienen la mayor responsabilidad para seguir avanzando, y junto a los Consejos de Trabajadores y Trabajadoras, Consejos Estudiantiles, Consejos Campesinos, impulsar las tareas de un Estado Popular y Democrático: la organización de la economía nacional, de su producción para beneficio del pueblo trabajador, la formación de una nueva cultura, una educación diferente, la construcción de la utopía posible.
Camarada, avancemos firmes en la construcción de las Comunas revolucionarias, en la construcción de Poder Popular, con las herramientas del marxismo-leninismo para derribar lo viejo, construir lo nuevo, derrotar al enemigo de clase y liberar al pueblo trabajador.
Comunas: oportunidad histórica para el Poder Popular
Debate nacional sobre Poder Popular, Comunas y Consejos Comunales
Comunas: oportunidad histórica para el Poder Popular
Especial para Tribuna Popular. Francisco Guacarán
Hoy, en medio de una profunda crisis del sistema capitalista, nos encontramos ante un reto importante: ¿cómo definimos al Poder Popular? ¿Cómo construimos efectivamente ese Poder Popular? ¿Cuál es la relación de ese Poder Popular con el Estado actual o con otro que se pueda construir?
Son interrogantes que motivan a discusiones fundamentales y, asimismo, pueden definir el rumbo que tomaría el actual proceso político en lo sucesivo.
En definitiva, la cuestión del Poder Popular transversaliza toda la vida integral del país, y toca elementos sensibles para el desarrollo del socialismo: economía, producción, control y administración, cultura, política, comunicación, toma de decisiones, lucha de clases y nuevo Estado Popular y Democrático.
No es un concepto que debe ser tomado a la ligera y mucho menos de forma panfletaria para cumplir un discurso que alegre a “los jefes”.
Hoy se plantea desde el gobierno la conformación de las Comunas, como la expresión más local de “Poder Popular” mediante la articulación de los Consejos Comunales, quienes tendrían en sus competencias el establecimiento del gobierno Comunal con competencias en lo económico -a través del impulso de un nuevo modelo socioproductivo-, en lo político -con la Asamblea Comunal como la máxima instancia de decisión-, sólo por mencionar algunas.
Sin embargo, la cuestión no es tan sencilla como la “unificación” de varios Consejos Comunales y establecer otro nombre. A todas las organizaciones les corresponde dar su aporte a la discusión, y es necesario comenzar a puntualizar.
Para los sectores revolucionarios, se ha entendido al Poder Popular como la fuerza del pueblo organizado en todos sus sectores -trabajadores, comunidades, estudiantes- ejerciendo el Poder sobre la vida social, económica y política, especialmente sobre el control de la producción y la satisfacción de las necesidades de la población.
Si sólo entendemos al Poder Popular como una parcela de un sector de la sociedad, muy poco podemos incidir en la transformación integral del país y en la superación del modo capitalista. Por ejemplo, las comunidades por sí solas no pueden impulsar la transformación del modo económico, si no existe una organización de los trabajadores y trabajadoras y un control sobre su espacio laboral.
Sin la participación de los trabajadores y trabajadoras organizados y movilizados en sus centros de trabajo, sin la participación de los estudiantes en cada universidad y liceo, no podemos hablar de Poder Popular.
Ahora bien, ¿el Poder Popular es solamente un espacio dentro de la Administración Pública Nacional que tiene incidencia sólo en lo Comunal? ¿Es sólo una parte más del Estado burgués que aun se mantiene vivo en nuestro país?
Ante esas interrogantes muchos y muchas dicen que no, que el Poder Popular es la fuerza y el Poder efectivo a partir del cual nacen los demás poderes de un Estado popular y revolucionario, es la máxima expresión de participación y decisión del pueblo organizado -en todos los niveles: local, municipal, regional y nacional- y nada debe estar por encima de ello.
Si lo concebimos como sólo una instancia más de gestión gubernamental, únicamente ampliaríamos el gran monstruo que es el Estado burgués y muy poco aportaría a su superación.
Entonces, las Comunas deben ser la expresión más local de Poder Popular, en la que se expresen los intereses articulados de los Consejos Comunales, Consejos de Trabajadores y Trabajadoras, Consejos Campesinos, Consejos Estudiantiles y demás formas de organización popular.
Todo esto debe ir de la mano con una transformación profunda del sistema económico capitalista y del avance necesario en la socialización de los medios de producción. No podemos hablar de Poder Popular y mucho menos de Socialismo si no comenzamos a tocar los intereses del Capital y no comenzamos a superar la contradicción fundamental entre una mayoría que todo lo produce y nada tiene, y una minoría que se enriquece a través de la explotación y el saqueo.
Las Comunas deben ser esas instancias celulares que comiencen a construir esa forma organizativa nacional que ayude a la edificación del socialismo; las Comunas son instancias que deben subvertir de una vez por todas al orden burgués; las Comunas representan la única garantía de avanzar hacia una revolución socialista.
Comunas: oportunidad histórica para el Poder Popular
Especial para Tribuna Popular. Francisco Guacarán
Hoy, en medio de una profunda crisis del sistema capitalista, nos encontramos ante un reto importante: ¿cómo definimos al Poder Popular? ¿Cómo construimos efectivamente ese Poder Popular? ¿Cuál es la relación de ese Poder Popular con el Estado actual o con otro que se pueda construir?
Son interrogantes que motivan a discusiones fundamentales y, asimismo, pueden definir el rumbo que tomaría el actual proceso político en lo sucesivo.
En definitiva, la cuestión del Poder Popular transversaliza toda la vida integral del país, y toca elementos sensibles para el desarrollo del socialismo: economía, producción, control y administración, cultura, política, comunicación, toma de decisiones, lucha de clases y nuevo Estado Popular y Democrático.
No es un concepto que debe ser tomado a la ligera y mucho menos de forma panfletaria para cumplir un discurso que alegre a “los jefes”.
Hoy se plantea desde el gobierno la conformación de las Comunas, como la expresión más local de “Poder Popular” mediante la articulación de los Consejos Comunales, quienes tendrían en sus competencias el establecimiento del gobierno Comunal con competencias en lo económico -a través del impulso de un nuevo modelo socioproductivo-, en lo político -con la Asamblea Comunal como la máxima instancia de decisión-, sólo por mencionar algunas.
Sin embargo, la cuestión no es tan sencilla como la “unificación” de varios Consejos Comunales y establecer otro nombre. A todas las organizaciones les corresponde dar su aporte a la discusión, y es necesario comenzar a puntualizar.
Para los sectores revolucionarios, se ha entendido al Poder Popular como la fuerza del pueblo organizado en todos sus sectores -trabajadores, comunidades, estudiantes- ejerciendo el Poder sobre la vida social, económica y política, especialmente sobre el control de la producción y la satisfacción de las necesidades de la población.
Si sólo entendemos al Poder Popular como una parcela de un sector de la sociedad, muy poco podemos incidir en la transformación integral del país y en la superación del modo capitalista. Por ejemplo, las comunidades por sí solas no pueden impulsar la transformación del modo económico, si no existe una organización de los trabajadores y trabajadoras y un control sobre su espacio laboral.
Sin la participación de los trabajadores y trabajadoras organizados y movilizados en sus centros de trabajo, sin la participación de los estudiantes en cada universidad y liceo, no podemos hablar de Poder Popular.
Ahora bien, ¿el Poder Popular es solamente un espacio dentro de la Administración Pública Nacional que tiene incidencia sólo en lo Comunal? ¿Es sólo una parte más del Estado burgués que aun se mantiene vivo en nuestro país?
Ante esas interrogantes muchos y muchas dicen que no, que el Poder Popular es la fuerza y el Poder efectivo a partir del cual nacen los demás poderes de un Estado popular y revolucionario, es la máxima expresión de participación y decisión del pueblo organizado -en todos los niveles: local, municipal, regional y nacional- y nada debe estar por encima de ello.
Si lo concebimos como sólo una instancia más de gestión gubernamental, únicamente ampliaríamos el gran monstruo que es el Estado burgués y muy poco aportaría a su superación.
Entonces, las Comunas deben ser la expresión más local de Poder Popular, en la que se expresen los intereses articulados de los Consejos Comunales, Consejos de Trabajadores y Trabajadoras, Consejos Campesinos, Consejos Estudiantiles y demás formas de organización popular.
Todo esto debe ir de la mano con una transformación profunda del sistema económico capitalista y del avance necesario en la socialización de los medios de producción. No podemos hablar de Poder Popular y mucho menos de Socialismo si no comenzamos a tocar los intereses del Capital y no comenzamos a superar la contradicción fundamental entre una mayoría que todo lo produce y nada tiene, y una minoría que se enriquece a través de la explotación y el saqueo.
Las Comunas deben ser esas instancias celulares que comiencen a construir esa forma organizativa nacional que ayude a la edificación del socialismo; las Comunas son instancias que deben subvertir de una vez por todas al orden burgués; las Comunas representan la única garantía de avanzar hacia una revolución socialista.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
