
Nuevamente volvemos al interesante tema de la cultura, específicamente las diferencias culturales y la propuesta de reconocimiento de las múltiples culturas, es decir, la existencia de un multiculturalismo que la sociedad moderna está llamada a reconocer en el marco de una globalización tecno-económica que avanza a pasos agigantados. Inevitablemente esta propuesta posee un contenido posmoderno que me causa un poco de ruido, especialmente si viene disfrazada de revolucionaria, es decir, la conformación de una nueva sociedad –he ahí el enganche revolucionario- basada en el reconocimiento, a través de la comunicación y no de la confrontación, de todas las formas de pensar y todas las culturas –todo se viene abajo-.
Antes, es necesario afirmar que tengo presente la importancia para cualquier proceso, sistema o dinámica realmente democrática el hecho de reconocer las diversas y diferentes formas de pensamiento, no me considero un defensor del pensamiento único, por cuanto la creatividad, la imaginación y la libertad son valores humanos irrenunciables, y que sólo son coartados bajo un sistema capitalista y sustentando en el proyecto desviado de la modernidad. Sin embargo, no puedo dejar de lado mi propia formación ideológica y política, en la cual, la liberación del ser humano de la explotación capitalista es un paso fundamental para la construcción de una sociedad que democráticamente respete las formas de pensamiento. Sin libertad es difícil hablar de respeto a esa otredad que tanto defiende el proyecto posmoderno.
Precisamente en este último punto es que puedo centrar la discusión, si nos planteamos la necesidad de trascender el actual sistema político-económico y construir otro diferente. Y como se ha puesto de moda entre los sociólogos y sociólogas el discurso de la postcolonialidad –una suerte de “todo vale” dentro del mundo cultural y del conocimiento-, basado en la necesidad de reconocer al otro y no imponerle tu forma de pensar, como un reconocimiento de esa multiculturalidad que el proyecto moderno, a lo cual le sumaría el proyecto neoliberal, pretende invisibilizar, y nuevamente entra la comunicación entre todos para su reconocimiento. Y ahora me pregunto, ¿qué carajo hago yo con el hecho de que los explotadores me “reconozcan” mi forma de pensar? ¡Qué bien! ¡Mi jefe reconoce que trabajo 12 horas diarias y me pagan una miseria para mantener a mi familia en una vivienda alquilada! ¡Ahora los gobiernos neoliberales reconocen la existencia de comunidades indígenas, mientras les explican en su lengua que van a destruir sus chozas y conucos para construir una vía expresa de transporte pesado! ¡Pero los reconocen! ¿Es esta la nueva sociedad de la que tanto hablan los postmodernos?
Ciertamente estoy de acuerdo en que el proyecto moderno ha hecho que la cultura occidental se ubique, a través de la imposición persuasiva –una dominación más sutil- o de la confrontación directa, como la hegemónica y en un nivel superior en relación a las demás. Y desde luego, esto no podemos dejar de relacionarlo con la lucha de clases, que tanta piquiña le causa a nuestros amigos posmodernos, por cuanto la cultura occidental y el sistema capitalista, especialmente en su fase neoliberal, son dos procesos o elementos que van acompañados. Pero, no por eso, en mi condición militante, en todas sus expresiones, voy a dejar de sumar a personas, grupos, colectivos a lo que yo creo que debe ser el camino para alcanzar una sociedad realmente diferente. Es decir, si un trabajador que, bajo mi concepción teórica, filosófica y científica, está siendo explotado por el dueño de la fábrica, y éste no se siente explotado ¿qué hago? ¿Me dejo llevar por el discurso postcolonial y posmoderno que implica entender por qué este explotado no se reconoce a sí mismo como tal y seguir mi camino? Ah, es que si le digo que es un explotado, le estoy imponiendo mi forma de pensar. Seguro estoy que ésta no es la vía.
Siglo XXI, el mundo envuelto en un caos, el sistema capitalista en crisis, nuestra naturaleza junto a nuestros valores en una decadencia total… ¿nos reconocemos y todo sigue igual, o luchamos reconociéndonos en la diversidad?

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