martes, 1 de diciembre de 2009

¿Dónde queda la Planificación Socialista?

Pilar fundamental en el accionar del Poder Popular
¿Dónde queda la Planificación Socialista?

Por: Francisco Guacarán. Especial para Tribuna Popular

La construcción del socialismo lleva a importantes tareas en la vida integral de una sociedad, especialmente en el ámbito económico-productivo –espacio desde el que se satisfacen las necesidades vitales de los trabajadores y las comunidades- y por tanto la organización, ejecución, control y supervisión de las actividades y tareas a ejecutar debe ser consecuente con un plan elaborado rigurosamente con información técnica, estadística y científica sobre los recursos con los que se cuenta y las metas a cumplir para avanzar en el desarrollo nacional.
Con los Consejos Comunales hemos dado un paso hacia adelante en este tema, se ha dotado al pueblo de herramientas de la planificación para elaborar los proyectos comunitarios que satisfagan necesidades coyunturales.
Sin embargo, aún no podemos hablar de planificación socialista, por cuanto esencialmente son los trabajadores en participación activa del proceso productivo, y junto a las comunidades, quienes deben elaborar los principales planes para aumentar la calidad y eficiencia en la producción, el mejoramiento de la maquinaria y las herramientas y la actualización científica y técnica.
Entonces, ¿Cómo podremos construir el socialismo si los trabajadores y trabajadoras no son actores fundamentales de la planificación del proceso productivo en su propio espacio de trabajo? ¿Es posible plantearnos el gran reto de la edificación socialista si las comunidades desconocen lo que se produce, y lo que se deja de producir, para alcanzar la soberanía nacional en todas las áreas de la vida social? ¿Podemos hablar de un Estado revolucionario si en las recientes nacionalizaciones no se produce un cambio radical en la organización y el control de los trabajadores?
Cada una de esas interrogantes, y otras más, nos llevan directamente a plantearnos los retos que tenemos como sociedad para poner en marcha la planificación genuinamente socialista.
En primer lugar, el gobierno nacional es quien principalmente debe impulsar y promover el desarrollo productivo nacional, con proyectos factibles que fortalezcan nuestra industria pesada, intermedias, manufactura, agrícola y demás áreas estratégicas que incidan favorablemente en nuestra soberanía nacional, si es poco lo que producimos y mucho lo que nos toca importar, entonces ¿sobre qué vamos a planificar?
En segundo lugar, resulta necesario fortalecer las instancias planificadoras del gobierno en cada uno de los niveles, para ello debemos crear equipos técnicos de planificación nacional, regional y local que trabajen permanentemente en la evaluación, seguimiento y control de los objetivos y metas planteadas en cada uno de los proyectos socio-productivos. Se trata de la eficiencia revolucionaria, de medir constantemente si cumplimos con nuestros objetivos.
Lo anterior se complementa efectivamente sólo con la organización popular y su acción en la vigilancia y control revolucionario sobre los proyectos impulsados por el gobierno revolucionario –anteriormente discutimos la diferencia entre contraloría social y control popular- con lo cual evitaríamos que la corrupción, el clientelismo y la ineficiencia sigan tomando más espacios en el Estado venezolano.
Finalmente, son los trabajadores y trabajadoras los y las principales responsables de que cada una de estas tareas se lleven a cabo, es urgente comenzar a prepararnos técnica e ideológicamente para asumir la enorme y difícil tarea de planificar la economía local y nacional, de saber que cada jornada de trabajo es un grano de arena que se aporta conscientemente a la construcción del socialismo, que cada cumplimiento de metas es un golpe certero que se le atesta al capitalismo y sus vicios.
Recordemos que el capitalismo se sustenta en la lógica irracional de la «mano invisible del mercado», lo cual lleva a las graves desigualdades sociales –producto de la explotación a través de la generación de plusvalía- así como a las crisis sistémicas y recurrentes de dicho sistema.
Contrario a esto, los trabajadores y trabajadoras deben estar conscientes de que sólo con una fuerte organización, que lleve a una rigurosa y científica planificación sobre la producción y la economía, es posible la edificación del socialismo como proyecto real, y no como discurso de caridad y solidaridad cristiana.

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