martes, 1 de diciembre de 2009

Mayor y mejor participación requiere una fuerte organización

Aportes a la discusión sobre la Reforma de Ley de Consejos Comunales
Mayor y mejor participación requiere una fuerte organización

Especial para Tribuna Popular.
Francisco Guacarán.

Las tareas de organización popular y la participación efectiva de las masas en espacios permanentes de discusión, movilización y toma de decisiones siempre lleva a considerar elementos que sólo pueden ser evaluados en la práctica concreta, y más cuando nos encontramos en la difícil edificación de un proyecto diferente, con errores, aciertos, rectificaciones, avances y retrocesos.
Los Consejos Comunales son prueba de ello, y la Ley debe expresar las necesidades y obstáculos que ha tenido este espacio en sus diferentes instancias y órganos que lo componen.
Por ejemplo, la Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas (ACC) “es la instancia primaria para el ejercicio del poder, la participación y el protagonismo popular, cuyas decisiones son de carácter vinculante para el Consejo Comunal respectivo” (Art. 4) y “es la máxima instancia de decisión del Consejo Comunal, integrada por los habitantes de la comunidad, mayores de 15 años” (Art. 6), sin embargo, no se define la forma de organización de esta instancia, por lo que se asume su carácter “abierto” en el que todos y todas participan, o al menos ése es el deber ser.
En la práctica concreta esto ha llevado a muchos Consejos Comunales a inventar maromas para asegurar la participación efectiva de los integrantes de la comunidad –tomemos en cuenta la base poblacional necesaria (200 a 400 familias en zona urbana –Art. 4-), por lo que alcanzar el quórum mínimo para una Asamblea (10 a 20% de la comunidad) se convierte en un dolor de cabeza para los voceros y voceras y por tanto un obstáculo importante para el CC.
Además que pudiese existir una contradicción importante en torno a la participación, debido a que menos de la cuarta parte de los integrantes de la comunidad terminan decidiendo la vida integral de la misma.
Espacios asamblearios como los que se pretenden desde el marco legal actual, y que sean de carácter permanente, tendrían que ir de la mano de niveles importantes de desarrollo de la conciencia colectiva y revolucionaria de las masas, además de condiciones de vida material que promuevan una participación tan amplia, finalmente la ACC es un espacio en el que «todos» participan y «pocos» asisten.
El Partido Comunista de Venezuela, en sus luchas durante la resistencia contra el puntofijismo, organizó a decenas de comunidades de la capital a través de una instancia muy similar a lo que hoy se denominan Consejos Comunales.
La diferencia importante de esta experiencia con la actual, es que lo que se llama hoy Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas estaba conformada anteriormente por voceros y voceras electos y electas por cada calle, vereda o callejón, quienes se reunían con sus vecinos y vecinas, promovían la discusión en sus bases –con un número determinado de familias para atender-, recibían las propuestas y la llevaban a la discusión de la Asamblea –conformada por la totalidad de los voceros y voceras-, instancia que puede mantener las mismas competencias contempladas en la Ley vigente.
Se asegura la participación desde las bases por cuanto cada vocero y vocera debe reunirse regularmente con sus vecinos –espacio no visto como un feudo, ni el vocero o vocera como el caudillo- y a la vez llevar la decisión y propuestas a un espacio mucho más dinámico, efectivo y coherente con la realidad de la organización popular actual, sus deficiencias y oportunidades.
Con esto, evitamos los problemas puntuales del quórum necesario para atender los problemas colectivos, el desgaste y la dispersión del pueblo en discusiones estériles, mejoramos la estructura del Consejo Comunal y desarrollamos el sentido de pertenencia y la responsabilidad de sus habitantes, y lo más importante, ayudamos a formar los cuadros políticos necesarios para la revolución.
La participación se hace entonces mucho más efectiva y amplia cuando nos ocupamos de mejorar la organización desde su raíz, sin caer en los falsos caminos del democratismo pequeñoburgués, sino avanzar en una organización fuerte, sólida, no como un fin en sí mismo, sino como un instrumento para la revolución.
Tan sólo así hablaríamos efectivamente de una herramienta mejor organizada para la lucha de clases, para la movilización social, la construcción del Estado Popular y Democrático y los grandes retos que afrontaremos como sociedad en los tiempos próximos, en el que la agudización de las contradicciones exigirá definitivamente mejores y mayores esfuerzos de disciplina, organización, comunicación, movilización y conciencia para el Socialismo Científico.

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